Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

jueves, abril 28, 2016

El menudo torreonense







Uno de los platillos más populares y consumidos en la Comarca Lagunera es, sin duda, el menudo. En La Laguna le conocemos simplemente como menudo. En otras partes del país se le llama “menudo rojo” por estar confeccionado con chile seco de este color, a diferencia del menudo blanco. 

Esta sopa es, sin duda, una delicia gastronómica que llegó de España con la conquista y colonización, así como con la introducción del ganado mayor que no existía en América Precolombina. Los “callos” (menudo a la española) en sus diferentes recetas, son platillos que existían en España antes de 1492. Al llegar a Nueva España las recetas de los viejos platos castellanos —y ya supuesta la disponibilidad de ganado vacuno— los callos hispanos fueron sazonados con las especias usadas por las culturas autóctonas. 

Así surgió el menudo colorado, que lleva trozos de carne del aparato digestivo de la vaca (panza, callo, libro), pozole (maíz cacahuazintle), chile colorado y pata de vaca como principales ingredientes. Así que, en su versión lagunera, se trata de un plato de carácter mestizo.

En la España del Antiguo Régimen, los callos representaban un alimento muy económico y, al decir de algunos, muy característicos de las tabernas. Desde las humildes cantinas experimentaron una movilidad ascendente hasta los restaurantes de categoría.

En Torreón, el menudo se consume desde los orígenes de la población. En locales comerciales formales lo encontramos en el restaurant del ferrocarril como un platillo disponible todos los días, por lo menos desde 1925. Sin embargo, el salto a los restaurantes requirió su tiempo, al igual que en España. 

Yo recuerdo que a mediados del siglo XX el menudo se ofrecía los domingos en diversas esquinas y banquetas de la ciudad, particularmente en los barrios. Se trataba de improvisados comercios dotados de mesas cubiertas de rústicos y policromos manteles de plástico, con sus respectivas bancas del mismo largo de la mesa acomodadas sobre las aceras, al lado de grandes ollas de humeante menudo. 

El cliente pedía el plato a su gusto, con pata o sin ella, mientras la dueña del improvisado establecimiento hundía un largo cucharón para seleccionar el tipo de carne, la pata, los maíces y finalmente el caldo. Los platos solían ser hondos y vidriados en vivos colores, adquiridos en La Alianza o en el Mercado Juárez. Había platitos de peltre con cebolla picada, orégano y limones partidos para sazonar.

Pero también existían los vendedores ambulantes, que llevaban grandes ollas de peltre o de aluminio a bordo de triciclos y anunciaban a voces su mercancía. Muchos de ellos ya sabían a qué puertas debían tocar, por contar con clientes habituales.

Por supuesto que en muchos hogares se cocinaba el menudo, aunque el procedimiento de limpieza de la carne era dificultoso y los olores de la cocción no muy agradables. De ahí que muchos preferían comprarlo ya hecho. El menudo, al igual que los chilaquiles picosos, tenía y tiene fama de ser un buen remedio para la “cruda” o resaca.


El "pan francés" torreonense, con el que se acompaña el menudo


Algunas de los restaurantes que ofrecían menudo eran, entre otras: “Bordens”, “Meléndez”, “Barreto”, “El Danubio”, “Ocampo”, “Múzquiz”, “Peche”, “José” y “La Norteña”.

viernes, abril 22, 2016

La vieja identidad lagunera




Mapa del País de La Laguna en el siglo XVIII. 
Lagunas de Mayrán, Tlahualilo, Viesca y Cuatro Ciénegas.



Quizá una de las primeras menciones explícitas sobre una manera de ser compartida socialmente por los laguneros —no necesariamente la actual— es la que encontramos en el Censo y estadística de Parras (1825). Este censo, que en su época incluía la parte coahuilense de la Comarca Lagunera hasta la boca o Cerro de Calabazas al poniente de Torreón, fue levantado por el ayuntamiento de la villa de Parras en el año de 1825. Fue rubricado el 25 de enero de 1826, cuando era presidente de la jurisdicción política el señor José Ignacio de Mijares, notario y vecino de la villa desde finales del siglo XVIII. 

Para su descripción y análisis tuvimos a la vista la fotocopia depositada en el Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón, la cual procede a su vez del Instituto Estatal de Documentación de Ramos Arizpe, Coah. 

En las páginas 43-44, el señor Mijares hace una descripción de la manera de ser de los habitantes “del país de La Laguna"  Al hablar de los habitantes del “país” no se está refiriendo a la República Mexicana, sino al Partido de Parras, que abarcaba toda la Comarca Lagunera de Coahuila, e incluso tiene el cuidado de anotar que su elogiosa descripción no se debe a un lagunero, sino a una persona que proviene de otra parte (él mismo) y que le mueve un espíritu de “veracidad, rectitud, justicia y experiencia” “de más de 30 años”.

Al hacer este ejercicio descriptivo del carácter de las gentes que habitaban el “país” o comarca, es claro que Mijares percibe una identidad diferenciadora de las gentes de otros lugares de la República. Su origen foráneo le ayuda a ver con más claridad y contraste. Y ¿qué es lo que dice sobre los habitantes del País de La Laguna?  Dice Mijares en el texto del censo de 1825:

“Carácter de las gentes: activos, enérgicos, intelectuales, especulativos, profundos, empresarios, sobrios, fieles, sociales, patricios, generosos, rectos, valerosos, y más que todo, religiosos”.

La identidad es una manera compartida —de ser y de actuar ante la vida— por un grupo o una comunidad. Se trata de rasgos culturales que son característicos de una comunidad y, por lo tanto, diferenciadores.

La primera cualidad que el cartógrafo lagunero Núñez de Esquivel (en 1787) e Ignacio Mijares (en 1825) atribuyen a los habitantes de Parras y su jurisdicción (el Partido completo de Parras, Comarca Lagunera de Coahuila) es el de ser “buenos trabajadores” o “activos”. Sin duda alguna, la cultura de estos laguneros era una cultura del trabajo.
Precisamente las tareas agrícolas en los numerosos ranchos, haciendas y agostaderos de los marqueses de Aguayo y condes de San Pedro del Álamo, así como la ganadería trashumante de estos aristócratas, requerían de una continua migración de jornaleros dentro de sus propiedades, siguiendo el curso de las estaciones y necesidades. 
Estas circunstancias fueron creando, al paso del tiempo, una consciencia de regionalidad, de relación de identidad social asociada a un territorio específico, el antiguo País de La Laguna, actual Comarca Lagunera.


viernes, abril 15, 2016

Monoteísmo ético





En mis tiempos de estudiante en el ITESO de Guadalajara, en los años setentas, el rabino de la ciudad, Aarón Kopikis, fue uno de mis maestros universitarios. El tema de la clase era “Pensamiento de Martin Buber”. En clase y en charlas con Aarón, me quedó claro el concepto de “monoteísmo ético” que es una manera de expresar la naturaleza misma del judaísmo como fe y como práctica cotidiana.

El término enfatiza la existencia de un solo Dios, y de la manera como él desea que se le honre. Subyace en la expresión la idea de que Dios es el creador supremo, rey soberano, dueño de todo lo que existe, y que no necesita nada de nadie, pues lo tiene todo. Por lo tanto, no requiere de nada que el ser humano pudiera darle.

También subyace la idea de que, como creador y padre de la familia humana (“Avinu”, “nuestro Padre”), desea que sus hijos se ayuden entre sí. Si a Dios no se le puede dar nada, al hermano en necesidad sí que se puede. Y ése es precisamente el culto que desea tener, esa sería la manera como desea ser honrado. Este aspecto vendría a ser la dimensión ética del asunto. Un culto a la Divinidad que se expresa en acciones éticas, acciones de filantropía. 

Esta doctrina del servicio al Padre a través del servicio a los hermanos en necesidad está muy presente en la tradición cristiana. Dice el apóstol Santiago: “La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo” (Santiago, 1: 27). Aclaro que lo anteriormente expresado constituye el ideal judeo-cristiano. En la práctica, las cosas pueden ser muy diferentes, debido a las limitaciones y naturaleza del ser humano.

Difícilmente podemos hablar de una correcta dimensión ética en las relaciones de los grandes sectores de mexicanos entre sí. Si los analizamos a partir de sus propias acciones y no de la profesión de sus principios morales, religiosos, sociales o empresariales (es decir, si nos fijamos no en lo que muchas personas físicas o morales dicen, sino en lo que hacen) nos encontraremos con que su valor supremo es el propio bienestar, incluso si hay que pasar sobre el de otros. 
Por desgracia, esta realidad puede existir también en las relaciones de gobernantes - gobernados, empresarios - empleados, guías religiosos - grey. Para muchas personas físicas o morales, el “otro” solamente es el medio del propio beneficio o bienestar. No experimentan compromiso ni solidaridad con el “otro”. Les importa muy poco lo que le pase a los demás individuos, no les duelen. 
La corrupción se asocia con quienes piensan y sienten de esta manera deshumanizada. La corrupción es una forma de violación de la justicia. Si un mal político se apropia de fondos públicos, está poniendo su bienestar por encima del de los contribuyentes. Se está apropiando de algo que no es suyo, que no le pertenece. 
La paradoja está en que muchos de estos infractores del bien común son profundamente religiosos. Consideran que “estar bien con Dios” es adularlo a través de las prácticas rituales u ofrecer cuantiosas limosnas. Piensan que en “su relación con Dios” nada tiene que ver su propia conducta hacia “el otro”. En cambio, a muchos otros la divinidad no les importa en lo absoluto. Mucho menos, la humanidad.






viernes, abril 08, 2016

Primeros frutos misioneros



"Inmaculada" traída por los jesuitas. Siglos XVI o XVII


En 1594, el rey Felipe II de España autorizó a los jesuitas a fundar misiones en lo que entonces se conocía como “Provincia de La Laguna” o “País de La Laguna”, es decir, nuestra Comarca Lagunera de Coahuila y Durango. La primera misión se fundó en Parras en 1598, y desde ahí comenzaron los esfuerzos de los religiosos para occidentalizar y cristianizar a los aborígenes laguneros. Una crónica jesuita (Carta Annua) de 1622, muestra la visión que del avance cristianizador tenían los religiosos en esas fechas. Con el objeto de hacer accesible su contenido a los lectores, hago a continuación una paráfrasis:

Son estos laguneros gente enemiga de crear poblados, son cazadores en los montes y pescadores en las lagunas, lugares en que por estar tan lejos, sus ministros idolatran y viven cometiendo graves ofensas a Nuestro Señor, viviendo en total libertad sin oír misa, comiendo carne en días prohibidos. Viven sin doctrina ni sacramento, y en ocasión de las fiestas religiosas vienen los indios de las sierras y se confiesan bien. 
Muchos paganos, sabiendo de los suyos ya cristianos y su trato familiar de estas haciendas agrícolas y ganaderas, bajan de las serranías de Coahuila y se avecindan. Este año de 1622 bajaron dos grupos de Coahuila (entonces, el norte de Coahuila) y nos ofrecen sus niños para que los bauticemos, demostrando su simpatía por la Compañía de Jesús, por encima de religiosos y clérigos de otras órdenes. Y aunque bilingües en castellano y náhuatl —los caciques y capitanes las entienden cuando en ellas se les habla— es tanto el amor que tienen a sus tierras de origen que, aunque se están en este Valle de Parras 6 o 7 meses, vuelven a sus poblados y tornan a bajar puntualmente el año siguiente. 
Creen que hay un solo Dios, y saben que es pecado robar, adulterar y aún fornicar, y nunca se acercan a mujer si no es para tenerla como cónyuge legítima hasta la muerte. No asesinan ni se dañan. No son agresivos sino mansos y muy buenos trabajadores. Son tan observadores que aprenden a regar y podar con una sola vez que lo vean hacer, y algunos de los niños que se quedan entre nosotros los jesuitas aprenden a leer y a cantar con mucha facilidad, y son despiertos para otras gracias naturales, que no parecen haber nacido ni criados entre las breñas, sino estudiantes de colegios. 
Estas cosas vio el señor obispo don Fray Gonzalo de Hermosillo quedando admirado, pareciéndole a su señoría increíble que esta gente chichimeca, no mexica ni tlaxcaltecas de los que aquí hay, tuviese semejantes habilidades y gracias. En la escuela que tiene esta casa jesuita en Parras hay algunos niños de estos chichimecos, que con ellos y los del pueblo de Parras llegan a treinta. Ordinariamente se les enseña doctrina cristiana, lectura, canto, además de buenas costumbres.
Lo que más trabajo cuesta es asentarlos en un lugar y erradicar su inclinación a irse a los montes. En 1620 se fugaron tres al mismo tiempo, y dos murieron de hambre y de sed, los cuales eran muy habilidosos y cantaban a canto de órgano en las misas. De sus cuerpos se hallaron sólo restos, porque las fieras del campo hicieron lo suyo, y los devoraron. Los tres huyeron sin la menor idea de a dónde iban, solamente guiados por su inclinación a ir a los montes.



jueves, marzo 31, 2016

De Torreón a Lerdo



El próximo sábado 2 de abril se cumplirán 102 años de la toma de Torreón. En realidad, se trata del aniversario de la tercera toma de la ciudad por fuerzas revolucionarias. La primera, en mayo de 1911, corresponde a la etapa Maderista. La segunda, en el otoño de 1913, y la tercera, en abril de 1914, corresponden a la etapa constitucionalista, por la División del Norte con Francisco Villa al mando. La batalla por Torreón, la del 2 de abril, fue la más sangrienta de la era revolucionaria, pero abrió el camino para la toma de Zacatecas y para la derrota final del usurpador Victoriano Huerta.


Tranvía eléctrico en la ruta Torreón-Lerdo, Lerdo-Torreón


Y a propósito de la música de la época, mencionamos que la polka “De Torreón a Lerdo”, quizá la más famosa composición de las muchas creadas por el genio musical del señor Pioquinto González Guzmán, se encuentra muy asociada a la era revolucionaria, a pesar de que fue compuesta en el año 1896, de acuerdo al dicho del profesor Víctor M. Vega. Mucho de la vida, obra y fama del compositor es del dominio público. Añado algunos datos transcritos de las dos actas de sendos matrimonios.

Enlace a la polka "De Torreón a Lerdo"

La primera es el acta matrimonial número 39 del Registro Civil de la Villa del Torreón, de fecha del 27 de febrero de 1899. Contraen matrimonio “Pioquinto González y Natalia Montes”. El novio, originario de “San Juan de Guadalupe”, Durango, “de veinticinco años de edad”, “filarmónico y vecino de esta villa”. Hijo legítimo de “Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia era originaria de la “Villa de Cos”, Zacatecas, “de 22 años de edad”, “vecina de esta villa” e hija legítima de “Rafael Montes, difunto, y Gabina Ybarra”.

La segunda partida de matrimonio es la número 327 de la “Parroquia de Matamoros de La Laguna, obispado de Saltillo” de fecha de 25 de febrero de 1906. Su contenido asienta que “Pio V Gonzalez y Ma. Candelaria Chavero” contraen matrimonio sacramental, el novio era viudo de Natalia Montes”, él “de 33 años de edad, originario de S. Juan de Guadalupe, Dgo. Y vecino de Torreón, hijo legítimo de Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia, “célibe”, “de 23 años de edad”, originaria y vecina de la villa de Matamoros, Coah.; “hija legítima de Jesús Chavero y Candelaria Alvarado”.



Por otra parte, y para coincidir con el aniversario de la toma de Torreón, el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón será sede de la VIII Asamblea General de la Asociación Regional de Cronistas, Narradores e Investigadores de Historia de la Región Lagunera de Coahuila y Durango (ACNIHRLA). La agenda de trabajo para esta jornada incluye, entre otras actividades, un recorrido guiado por las instalaciones del archivo del Centro de Investigaciones, los informes de actividades de sus miembros, conferencias magistrales y proyección de videos.



viernes, marzo 25, 2016

Semana Santa





De acuerdo con la teología cristiana, la resurrección de Jesús tiene profundas implicaciones. Significa que Cristo murió en la cruz, pero no por sus propias culpas, sino por las de los creyentes. Y la prueba es que, una vez cumplida la misión al morir Jesús en lugar de otros (sacrificio vicario) Dios le resucitó de entre los muertos (cosa que no haría por un pecador) y lo glorificó, poniendo la creación entera a sus pies.

Según San Pablo, apóstol de los no judíos, si Jesús no hubiera resucitado, entonces significaría que no hubo sacrificio sustitutivo, los hechos se reducirían a la simple ejecución romana de un reo que fue aniquilado en la cruz. Sin la resurrección, diría Pablo, “vana sería nuestra fe”.

Es por esta razón que la pascua de resurrección tiene capital importancia en el calendario religioso cristiano. Sin embargo, no siempre hay una consciencia clara del significado liberador de la crucifixión. A lo largo de la historia, se han escenificado crucifixiones que se centran más en la representación del sufrimiento de Jesús, que en las consecuencias de tal sacrificio.

En México, es famosa la representación de la pasión en Iztapalapa. El fenómeno de Iztapalapa es muy interesante, porque ahí se yuxtaponen dos tradiciones teológicas. Antes de la llegada del cristianismo, los mexica celebraban en el Cerro de la Estrella el sacrificio humano que permitía que continuara la vida en el mundo conocido. Efectivamente, se trataba de la fiesta del “Fuego Nuevo”, que se celebraba cada 52 años solares. Todo fuego se apagaba en el Valle de México, y en la noche, cuando las Pléyades llegaban al cenit, los “mensajeros sagrados” eran sacrificados, y en sus pechos se encendía un nuevo fuego, el cual se repartía entre todas las poblaciones del valle. Así comenzaba un nuevo “siglo”, un nuevo período de vida.

Con la llegada de la nueva fe, la vieja costumbre desapareció. Pero comenzó a representarse, también en Iztapalapa, la historia de otro mensajero divino que se sacrificó a sí mismo para que la humanidad tuviera vida y luz. Esta representación, en su versión moderna, comenzó en 1843.

Por lo que se refiere a la Comarca Lagunera, los misioneros dejaron constancia escrita de que los indígenas aborígenes ya hacían representaciones de la pasión en 1603:

“Los mozos se han ya ladinizado [castellanizado] y acuden de buena gana a la iglesia, con cuyo ejemplo los viejos van ya entrando en las obligaciones de nuestra Santa Fe Cristiana, de los cuales algunos se azotan la cuaresma a vueltas de los mozos, que con mucha devoción alaban los oficios de la semana santa, haciendo pasiones de sangre a uso de los mexicanos [mexica] y españoles”.


En los tiempos actuales, prácticamente cada ciudad lagunera cuenta con una o más representaciones de la pasión de Jesús. En el caso de Torreón, la más famosa es la del Cerro y Santuario de las Noas. Según algunos registros, lleva más de 30 años de escenificaciones, con una concurrencia de más de treinta mil espectadores.

jueves, marzo 17, 2016

Un cardenal torreonense





El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ver la película que lleva por nombre “Spotlight”. Esta cinta, que por cierto ganó el Oscar 2016 a la mejor película, se basa en la indagación realizada por el equipo de investigación periodística del diario Boston Globe, sobre el encubrimiento que realizó el arzobispo y cardenal de Boston en relación a miembros del clero de su jurisdicción involucrados en delitos de carácter sexual. Por esta investigación el Boston Globe ganó el premio Pulitzer, equivalente del Oscar en el campo del periodismo.

El personaje sobre el cual se basa la historia cinematográfica es el cardenal Bernard Francis Law, quien a raíz del problema legal tuvo que renunciar como titular de su arquidiócesis en 2002. Independientemente de lo polémico que resulta el tema, un dato poco conocido es que este cardenal nació en la ciudad de Torreón (Coahuila, México) en 1931. Algunos mencionan como fecha exacta de nacimiento el 4 de noviembre de 1931, lo cual no he podido confirmar aún de manera documental.

Lo que sí he podido constatar es que en el censo levantado en la ciudad de Nueva York el 3 de abril de 1940, correspondiente al decimosexto censo de población de los Estados Unidos, aparecen enumerados el señor Bernard Law, su esposa Helen y su único hijo Bernard Francis, de ocho años de edad, del cual se hace constar que nació en “Torreón, México”. 



Su padre era originario de Kingston, Pennsylvania; fue capitán del ejército de los Estados Unidos, y además sirvió en la fuerza aérea de su país durante la Primera Guerra Mundial. Su madre, Helen Stubblefield, presbiteriana y posteriormente católica, era originaria de Walla Walla, Washington. Los padres del futuro cardenal se conocieron en México.

El mayor Bernard Law y su esposa radicaban en Torreón porque él era superintendente de tráfico de la Compañía Aeronáutica de Transportes, empresa que tenía sus oficinas principales en nuestra ciudad. Bernard Law era socio de esta compañía fundada por el señor Theodore T. Hull, su presidente.

El mayor Law era muy conocido en sociedad en Torreón, y lo mismo lo encontramos en el brindis con el embajador de los Estados Unidos, el señor Dwight Whitney Morrow, a su paso por Torreón durante la era de los presidentes Hoover y Pascual Ortiz Rubio, que en la celebración en honor del conde Henry de la Vaulx. Posteriormente, los Law-Stubblefield vivieron en Colombia, en Panamá, en las Islas Vírgenes y en los Estados Unidos.




En cuanto al hijo único de este matrimonio, el torreonense Bernard Francis Law, obtuvo su licenciatura en Historia Medieval en la Universidad de Harvard, y posteriormente ingresó al seminario de San José en St. Benedict, Louisiana. El 22 de octubre de 1983, Bernard Francis fue elevado al rango episcopal. El 23 de marzo de 1984, el obispo Law fue promovido al arzobispado de Boston. 



El 25 de mayo de 1985 fue nombrado miembro del Colegio Cardenalicio. El 27 de mayo de 2004, el cardenal Law fue nombrado arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma.